sábado, 5 de octubre de 2013

SER POLICIA EN VENEZUELA ES ESTAR SENTENCIADO A MUERTE

TOMADO DE EL COLOMBIANO

Ser policía en Venezuela es estar sentenciado a muerte

En lo que va del año han sido asesinados 69 policías venezolanos. El móvil de los asesinatos son las armas de los efectivos, usadas después para robar.
Por DIANA CAROLINA JIMÉNEZ | Publicado el 5 de octubre de 2013

ILUSTRACIÓN ESTEBAN PARÍS
Una reciente ola de asesinatos contra policías en Venezuela por parte de bandas organizadas, para quedarse con sus armas o por "divertimento", ha encendido las alarmas en los cuerpos de seguridad del país.

La situación hoy se sale de cualquier cálculo: solo en la última semana siete efectivos resultaron abatidos por grupos de delincuentes.

El subdirector de la Policía del municipio caraqueño de Chacao, el subcomisario Einer Giulliani, reconoció la preocupación de las autoridades por esta escalada: "Hay bandas organizadas y también hay delincuentes comunes que aprovechan la oportunidad cuando los efectivos están fuera de servicio o concentrados en algún operativo".

Según cifras de la prensa local, estas 7 muertes elevaron a 69 el número de policías asesinados en todo el país en lo que va de este año.

"Estamos preocupados", reconoció Giulliani, tras señalar que el motivo de estos crímenes es "en principio buscar el arma" del policía.

El Parlamento venezolano aprobó en junio pasado la denominada Ley Desarme, que restringe la venta de armas de fuego y aumenta las penas por la tenencia ilegal, y que se sumó a otras medidas adoptadas por el Gobierno para reducir el número de armas en el país como la prohibición de importar y vender comercialmente este tipo de artículos.

El subdirector de la Policía Nacional Bolivariana, Eduardo Contreras, sostuvo que tras el plan de desarme impulsado por el Gobierno, los delincuentes encuentran en los ataques a policías un vehículo para conseguir armas que luego usan para robar.

"Los funcionarios son fáciles de identificar, los delincuentes los pescan y los persiguen para matarlos y apoderarse de las pistolas", declaró Contreras al diario El Universal.

El director del Observatorio Venezolano de Violencia, Roberto Briceño, asegura por su parte que esta escalada es consecuencia de la pérdida de miedo a los policías por parte de los delincuentes, en un país donde la violencia se cobra miles de muertes al año.

"Lo que hemos notado, porque nos lo dicen los propios policías, es que se perdió el respeto o el miedo a la Policía, esa es la sensación que los propios policías tienen", dijo Briceño a Efe.

"En todas partes del mundo, el delincuente procura no matar policías, por muchas razones, una de orden muy formal y es que las penas son muy severas. Esto no ocurre en Venezuela porque sencillamente no hay castigo", agregó.

Briceño alertó que desde el año pasado se observa un alza en la cantidad de asesinatos de policías con objetivos muy concretos: quitarles el arma o vengarse, en un fenómeno concentrado principalmente en las grandes ciudades del país, como Caracas, Maracaibo, Barquisimeto y Maracay.

"El delincuente se venga del policía, lo va a robar cuando está fuera de servicio y el policía no tiene defensa", dijo.

Según cifras oficiales, en 2012 más de 16.000 personas fueron asesinadas, con una tasa de homicidios de 54 por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, el OVV estima que la cifra real es de 73 asesinatos por cada 100.000 habitantes, lo que hace de Venezuela, donde de acuerdo a cifras extraoficiales hay 10 millones de armas ilegales, uno de los países más violentos del mundo.

SINTESIS

LA IMPUNIDAD ARRECIA LA CRISIS

La impunidad es una de las mayores fallas del sistema de administración de justicia en Venezuela. En ese país alrededor del 90 por ciento de los homicidios quedan sin resolver. Y eso con una de las tasas más altas de la región, 73 por cada 100 mil habitantes según el cálculo del Observatorio Venezolano de Violencia.

EN DEFINITIVA

Por el clima de violencia cotidiana que sufre y porque matarlos se ha convertido casi en un divertimento más para los delincuentes, una perversa medalla que se anotan.

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