lunes, 16 de agosto de 2010

El robo de la espada del Libertador.

La negra y el fotógrafo

fuente:amolano@elespectador.com

El M-19 pasó a la historia del país como una guerrilla urbana de irrepetible ingenio. Un movimiento insurgente compuesto por estudiantes, actores, poetas y escritores, entre tantos otros, que impusieron una nueva forma de enfrentar al Estado mediante el poder de los golpes simbólicos. Treinta y seis años después del robo de la espada del Libertador, y en plenas fiestas del Bicentenario, tres miembros de esta guerrilla que participaron el día del asalto a la Quinta de Bolívar, reconstruyeron el episodio. “Las memorias tienen la facultad de incluir ciertos elementos de la realidad y dejar otros por fuera, y tantos años después, nuestros recuerdos también se han llenado de fantasías propias”, advierte El fotógrafo, antes de empezar a desandar lo que ocurrió el 17 de enero de 1974.

El 15 de enero, en distintos medios de comunicación, apareció una nueva campaña publicitaria, una campaña de expectativas que despertó la curiosidad de los consumidores en distintas ciudades del país. En la página 14 de la edición de El Espectador decía: ¿Decaimiento… falta de memoria? Espere M19. Una medicina para la memoria, pensaron algunos. Una nueva pastilla para el cansancio y la depresión, dijeron otros. Dos páginas más adelante, en el mismo formato, decía: ¿Parásitos… gusanos? Espere M19. Confusión total. Un laxante, algún desparasitario, quizás un nuevo laboratorio. Al día siguiente, en la misma página: ¿Falta de energía… inactividad? Espere. Etc. y una página después otro aviso más pequeño: Ya llega M19.

El 17 de enero los avisos aparecieron en primera página. El 18 la noticia de abrir era el robo de la espada de Bolívar, sus estribos, los espuelines, y el asalto al Concejo Distrital. “No pensamos que el robo de la espada iba a ser más importante que el asalto al Concejo”, explica hoy con picardía La Negra, uno de los miembros de este grupo de jóvenes estudiantes, quienes dispuestos a cambiar el sistema político conformaron en poco tiempo una guerrilla urbana que desestabilizó al gobierno de Misael Pastrana y que hoy está revestida por un aire mitológico, por leyendas de una guerrilla que les asestó a los militares los más audaces golpes que un grupo subversivo les haya dado: los golpes en el honor.

Hace años no se veían. Nunca se habían sentado a hablar del robo de la espada. Nunca antes habían intercambiado su historia de ese día ni su función en el operativo, como tampoco sus miedos después del exitoso golpe. Treinta y seis años después, con la claridad que da el tiempo y libres de pasiones juveniles, se encontraron para reconstruir ese histórico día, en el que el Movimiento 19 de Abril salió a la luz pública y dejó escrita una página indeleble en la historia de los movimientos insurgentes de América Latina.

Sin soltar un tiro y sin herir a nadie, este movimiento se hizo de la espada del Libertador y se tomó el cabildo distrital, dos acciones que no tenían intenciones militares, pero sí un peso simbólico sin precedentes.

Aquel 17 de enero, cada cual tenía claro su parte del plan, pero como es tradición en los grupos guerrilleros, por motivos de seguridad, casi nadie conoce el plan completo. El fotógrafo tenía la misión de esperar a que salieran de la Quinta de Bolívar con el botín y conducirlo a un apartamento. La Negra estaba a cargo de la retaguardia, era la contención, que debía ser protegida con un par de pistolas viejas que no sabía manejar y una granada de mano. Armando entraría al museo con las cinco personas que estaban encargadas de reducir a los celadores y sacar los objetos que les darían el pasabordo a la historia nacional. Él fue quien rompió el cristal que protegía la espada con la patadecabra que llevaba en el bolsillo.

Cerca de las cinco de la tarde, en diferentes grupos, empezaron a entrar a la Quinta de Bolívar. Mientras ‘quemaban’ tiempo para que los visitantes salieran, le preguntaban a los celadores sobre las reliquias que contenía el museo. Ya antes habían realizado dos intentos de robo, en ambos fracasaron, pero ese día la suerte les sonrió. Mientras las cinco personas trataban de sacar la espada, La Negra esperaba ansiosa a que se diera la orden de salida. “Una niña que estaba conmigo, que era teatrera, me preguntó: compañera, ¿usted sí tiene experiencia en esto? Y yo, aunque nunca había estado en un combate, le respondí para llenarla de seguridad: claro, mucha”.

“Cuando la tarde empezó a caer los celadores nos pidieron que nos retiráramos. Fue entonces cuando uno de los que iba con nosotros redujo a uno de un golpe en la barriga, los amarramos y procedimos a tomar la espada”, explica Armando con una risa que se le escapa por el borde de los labios.

En ese momento empezó la verdadera hazaña. El fotógrafo esperaba ansioso en el carro que había sido alquilado para esa vuelta. “La oscuridad empezó a caer y yo no sabía cómo prender las luces. En el momento en que llegaron los compañeros con el envuelto el carro no me prendió. De pronto dos tipos enormes aparecieron por la ventana y me preguntaron qué pasaba, y yo les expliqué que no me prendía el carro y los tipos, no sé cómo, lo encendieron. Les pregunté a mis compañeros que de qué cuadro eran, y resultó que no eran del Movimiento.

“La espada se llevó a un apartamento de alguien del movimiento. Allí le tomamos la foto y luego empezó a circular por todas partes. Ahí se perdió el rastro de la espada, que terminó por cubrirse de mitos: que estuvo en la casa de León de Greiff, que en la de Vidales, que en un ‘putiadero’, que salió a México, que estuvo en Panamá cuando la ocupación gringa. Total, ese rastro es imposible de seguir, así como tampoco se sabrá nunca si esa es la verdadera espada de Bolívar. Lo único cierto es que a ese pedazo de metal el M-19 le devolvió su valor histórico y su poder simbólico”, concluye relatando La Negra.

El regreso de la espada

La espada de Bolívar permaneció bajo el poder del M19 desde 1974 hasta 1991. Fue ese año cuando Arjaid Artunduaga, principal historiador del movimiento, viajó a Cuba para traerla de vuelta.

El 31 de enero se celebró una ceremonia en la Plaza de Bolívar para recibir la espada de manos del ex comandante desmovilizado del M19, Antonio Navarro Wolf. Un año antes se había llevado a cabo la desmovilización total del grupo armado.

Después de recibirla, el gobierno colombiano guardó la espada en un depósito del Banco de la República hasta el año 2000, cuando fue regresada a la Quinta de Bolívar después de 26 años de ausencia

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